Empezar este 2026 pensando en los cuidados nos parece una buen idea. Os acercamos para ello algunas reflexiones de Isabel Martín en su libro Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Ella las sitúa en el marco de la ciudad, pero sus referencias a la proximidad y a la vecindad, entra otras, hace que también cobren y tengan todo su sentido pensando, en nuestro caso, en el Distrito o en el Barrio.
Sugerentes son también sus ideas en torno al concepto de Ternura Urbana, sobre el que plantea este borrador de definición: «Ternura urbana es el conjunto de gestos cotidianos de cuidado, reconocimiento y apoyo que hacen habitable el espacio público. Es la dimensión afectiva del urbanismo: vínculos, presencias e interacciones que construyen y transforman la comunidad y que nos hacen posible la vida»
Y, volviendo al libro…

«En una ciudad cuidadora, el comercio de proximidad es fundamental para articular una vida cotidiana compleja y rica. Lugares en los que nos podamos encontrar con las personas vecinas, donde tejer relaciones personales y sentimiento de comunidad. Lugares que facilitan que ocurra la cohesión social, donde el conocernos nos hace sentir seguridad. El derecho a la autonomía, a ir caminando a por el pan y por el camino cruzarte cinco «buenos días», con una movilidad cercana. Lugares donde compartir saberes cotidianos, «pues yo al gazpacho le echo pimiento». Una trama urbana compleja, donde exista la mixticidad de usos, permite que en distintas horas del día haya actividad. Te coge de camino, la ciudad que cuida incorpora los movimientos diversos de la vida cotidiana (de casa, al colegio de camino al trabajo comprar fruta que falta, acercarme al médico y pasar a ver a mi madre que estaba hoy algo pachucha…), no solo los lineales de la capa productiva (casa-trabajo, trabajo-casa). La ciudad que cuida a las personas que las habitan les hace posible acceder a todos los lugares donde tienen que (o quieren) realizar sus actividades, de manera sencilla, próxima, permitiéndoles en su diversidad ser personas autónomas…
Una ciudad cuidadora vela porque el espacio público sea un lugar que nos permita encontrarnos, que favorezca nuestra vida cotidiana en todas sus capas, que permita jugar y descansar, que permita la sombra y el sol, que permita hablarnos y escucharnos, que no esté privatizado, que no dependa si puedo y quiero pagar un café para poder estar juntas, y que sea accesible para todos los cuerpos con sus distintas movilidades y realidades. Que permita hacer cosas juntas y solas. Que permita improvisar y que cosas distintas sean posibles… Que nos permita dialogar, donde el conflicto intrínseco a una vida compartida se incorpore a los procesos urbanos y donde podamos acompañarnos las vidas. (Isabel Martín; Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa; A Fortiori Editorial, 2021; 93-94)



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