Ya nos hemos referido con anterioridad al libro de Rebecca Solnit, El camino inesperado.
Hoy os queremos dejar aquí la reflexión que realiza sobre la «ayuda mutua» en una cita larga, pero que creemos toca en el corazón de cómo debemos también entender una de las caras de Zazpi como Fundación Comunitaria.
“No creo en la caridad; creo en la solidaridad. La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo. Tenemos mucho que aprender de los otros” (Eduardo Galeano). Esta vez empecé a preguntarme qué tiene de mutua la ayuda mutua que se presta en las catástrofes, ya que la realidad es que casi siempre es un flujo de bienes y servicios que circula en una sola dirección.
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Lo mutuo de la ayuda mutua no está en los bienes y servicios que se entregan; está en la creencia subyacente en las profundas conexiones que existen entre quienes dan y quienes reciben. Es una honda creencia en la inseparabilidad y un firme compromiso con ella: mi bienestar es inseparable del tuyo y cuidando del tuyo me estoy cuidando a mí y, lo que es más, estoy cuidando de ese gran todo que es el nosotros, porque estamos juntos en esto. Es decir, no desarrollamos una relación mutua porque nos ayudamos mutuamente; nos ayudamos mutuamente porque ya tenemos una relación mutua. La palabra «mutuo» implica simetría, reciprocidad.
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La ayuda mutua es como operan los líquenes, es como opera la ayuda en las catástrofes y es como operan las sociedades que funcionan; es el sistema circulatorio, es el procomún y es la colaboración; es lo que hace que un gesto (…) que puede parecer altruista −va en una sola dirección− sea mutuo en un sentido más amplio. Así pues, la ayuda mutua puede describirse como una serie de actos concretos, pero que van orientados a mantener o restaurar el todo.
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Otra característica de la ayuda mutua es que tiene lugar fuera de los cauces oficiales: lo que no consiguen hacer los gobiernos o las grandes instituciones lo logran las nuevas organizaciones improvisadas, que normalmente operan desde los propios lugares afectados. A menudo esto ocurre gracias a una capacidad de reacción y una comprensión de la situación que en parte tienen que ver con que las relaciones y los procesos de toma de decisiones son descentralizaos y comunitarios −u horizontales−, frente a los modelos verticalistas en los que quienes actúan desde arriba n tienen la capacidad, ni conceptual ni práctica, para responder a las complejidades de una multiplicidad de situaciones cambiantes.
Esto implica tener presente que las acciones pueden tener efectos positivos que son indirectos, que tardan en producirse y que no se pueden medir. (Rebecca Solnit; El camino inesperado; Lumen, 2025; 72-74)


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